Siempre he sentido que mi voz, su ausencia, su anulación es síntoma de mi debilidad. Una debilidad narcisista fundada en el temor al rechazo. Quiero reconocerme en la potencia del grito. Cantar con solidez: manifestarme. Voy a enderezar la espalda aunque intenten doblegarme las fantasías. Voy a perdonarme el haberme acostumbrado a tu belleza. Agradeceré la noche en que todo cambió. Procuraré aniquilar las ansias que exceden mis fuerzas. Abrazaré el presente aunque a veces esté tentada a trenzarme en la trama de espinas. ¿Podré reconciliarme con la palabra solitaria? ¿Sumergirme de nuevo en el remolino propio, sin remordimiento?
