Este mes ha sido opuesto o, más bien, complementario al anterior. Bueno, realmente la periodización no es más que otro capricho de la especie; la historia que se inventa la Historia. No es que la linealidad sea una consecuencia automática. No es que las buenas intenciones de Condorcet sean lógicas. Lo que pasa es que hubo un momento en que la introspección se detuvo. En que el tiempo de la semilla terminó con su cómoda y quieta terracidad. Y esa modulación cesó con el fin de septiembre. Ahora no he sido ni caballo, ni jinete: me convertí directamente en el camino. Y Aunque soy superficie no soy tierra, es decir, soy aire; de hecho, respiración.
¿Qué significa respirar?: "And God breathed into him the breath of life and man became a living soul". Ya el Génesis lo dijo: un diálogo. La vida, que es el sinónimo de respirar, a diferencia de la piedra, los minerales, el barro requiere de una otredad. ¿Lo ves? Cada uno de estos elementos existe, se produce y se reproduce en su inmanente soledad: son y se mueven en sí, sin adentro ni afuera. Un eterno solipsismo centrípeto.
Por el contrario, la piedra (y con ella la palabra escrita, la palabra a secas) se hace carne al romper sus membranas, al permitir la porosidad: al abrirse reconoce una otredad, un afuera (representados en primer lugar por dios y la humanidad). Esos poros tienen varios nombres según la taxonomía: agallas, espiráculos, hocico, nariz, boca. Yo simplemente los llamo grietas, porque en todos los casos son la posibilidad de circulación para los transeúntes que he identificado: luz, aire, perfumes, mares espesos, un planeta azul o la humanidad entera repasada en la eternidad o en 6 minutos, que es lo mismo.
Respirar es un acto de generosidad, solidaridad y desapego: un cuerpo inhala (hacia adentro el afuera), da vida a su interior, exhala (todo el afuera desde adentro). El aire viene y va, pasa sin pasar pero sin permanecer. Su identidad descansa sobre la fugacidad del encuentro y, sin embargo, en ese relámpago se da al capricho de engendrar una orgánica eternidad. Mientras tanto el oxígeno (el afuera, el cosmos antiguo) se encuentra con los pulmones (el adentro, el cosmos nuevo). Respirar nos recuerda que, en suma, "toda vida verdadera es encuentro". Con todo, existe en esa apertura una paradoja: ese mismo afuera —que ilumina a todas las células— es a la vez promesa de su aniquilación. Pero en eso consiste vivir: en engañar al futuro conocido (la muerte) entregándose al misterio de sus pasados (todas las respiraciones, los soplos, los spirare del sistema solar). Esa es la inevitable dialéctica de todo organismo, del mineral herido, del espíritu.
Últimamente he sido más espíritu que simple individuo o jinete estepario. He respirado, es decir, he dialogado con viejas y recientes amistades, con familiares, con antiguos mentores, con nuevos compañeros. He visitado antiguas memorias, he creado nuevos paisajes. He conversado, he temido y he consolado porque en un par de ocasiones estuve de frente ante la tensión fundamental de toda organicidad consciente. La grieta se ha expandido tras el fin de la cuarentena. Por eso he caminado, corrido, cantado, reído. Inhalo y exhalo al mundo —o quizá sea al revés— mientras reconstruyo los pasos siendo yo misma el camino, el aire del vuelo.
Di muchas vueltas por la ciudad, pretendía ocupar con ella tu lugar en mi respiración. Pero nos volví a encontrar. Y en ti ya no soy inhalación ni exhalación. Tampoco una grieta: soy la hondonada que abre todo mi pecho. En ti revienta como suspiro. El ritmo de la respiración habitual es equilibrado, no anticipa, ni retarda. Pero suspirar supone una entrega deliberada. Es una renuncia. En este tiempo de tantos encuentros no planeados, el de tu futuro con mi pasado fue el más inesperado. Entonces ya no pude ser más que una larga exhalación: no me guardé nada para convertirme en tu oxígeno, en tu inhalación, en tu inspiración. Es un nuevo génesis y me rindo ante ti, al soplo de la vida que somos en el principio. ¿Cuántos universos más han de sacrificarse por un suspiro? Por ahora solamente dejo que la abertura cruce toda la piedra, dejo que mi cuerpo sea solo un corazón palpitante: no soy palabra, ni respiración: "And God breathed into her the breath of life". Gimo y suspiro, suspiro, suspiro, suspiro... para elevarme aleteando adentro, en tus pulmones calientes.