More than This - Roxy Music
¿Qué nos conecta en medio de la muchedumbre solitaria?
Miras por la ventana, ¿qué te mira? una gran mancha gris que siempre se torna hormigueo vertical, afanada corriente de metal. En las noches la mancha se viste de neón y extiende al infinito la melodía del fin del mundo con tonadas de 8 bits y voces infantiles que promocionan mercancías.
¿Y en el medio? ¿Qué queda? —"en el medio", quiero decir, entre la vida y la muerte— pasillos y ascensores: imposición del tránsito, delirio por embriaguez o hastío, y a partir de allí el ascenso al bar, el descenso al agua o la desesperada inmersión en el canto desafinado como refugio del soliloquio que somos; que seremos a los veinte y a los cincuenta aunque estemos casados, aunque engendremos hijos, aunque consigamos títulos en Yale.
¿Qué somos en la puerta del hotel? Animales huérfanos e insomnes que se inventan dioses de papel y templos de madera para acallar el ronquido del esposo que yace a nuestro lado sin sospechar el vacío o la voz de una esposa al otro lado del teléfono preocupada por el color que llevará tu próximo sillón.
Dios es el sueño de los matrimonios que no aman, el nombre de las dudas sobre el rumbo del propio destino.
Pero los confines del tedio —de la vida— se cruzan con el rebrote de la inocencia. ¿Qué es la esperanza, si no un silencio ajeno que nos habla? Aunque en el amor siempre intervienen los cuerpos —no podría ser de otra forma— esto no implica que haya violenta posesión, pura materialidad viscosa como única forma de comunicarlo.
¿Qué nos conecta en medio de las muchas soledades? una mirada cómplice, una sonrisa llena de pícara candidez, que un pie sea canción de cuna del anhelado dormir en compañía.
Caricia, caro, mi querida, mi querido. Susurro de las pieles, delicado himno de ternura que en un par de minutos rehace nuestra humanidad en un profundísimo roce.
Y no se trata de la redención platónica de nuestro deseo. Una diatriba contra la lujuria. Es más una celebración a la hierba del desierto y de los muros. Es simplemente que la realidad del amor es tan vívida como una brisa inesperada que nos acaricia mientras estamos en el balcón o como los rayos plenos que atraviesan el agua mientras nadamos.
Soy naufragio, somos nube: abrazo suave en la tormenta que se desgarra para ser secreto de la tierra [suelo de metrópoli que pertenece a todos y a nadie].

No hay comentarios:
Publicar un comentario