El asesinato definitivo. Matar para cuidarse, abrazar la muerte para vivir. Cuanto te quise, pero cuan inerte es tu voluntad hacia el otro. Ni siquiera es el arte, contaminado con tu fingimiento; ni siquiera es tu cuerpo, debilitado por la promiscuidad. Es sólo el fetiche de tu ego deshonesto disfrazado de conciencia. Busco la calma. Vive entonces en el olvido que dices desear. Cuando me quiera traicionar "buscaré una prostituta, le daré una foto tuya. Le diré que me llame cuando se parezca a ti". Así podré confiar en mi simulacro mientras acudo al placer de saborearte voluntariamente sin tu presencia.


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