Inevitable. Irresistible. A pesar de los esfuerzos por olvidar, me permito entregarme nuevamente a los impulsos de una ficción reconocida como fantasía, pero con poderosas y placenteras consecuencias en la piel, la voz y el diálogo. La muerte no hace parte de mi vocación. Hasta cierto punto, ahora me parece una victoria de la pereza. Suicidio o asesinato se tornan actos de mal gusto, presión de un tedio narcisista que puede transformarse en intriga creadora. Reflexiono con calma y siento que eso fue lo que detuvo mi salto al abismo. La idea del What if y del presente blanco fueron las formas de reconciliarme con la vida y de asumir un destino de funámbulo y no de difunto. Nuevamente el temor se estaba convirtiendo en leitmotiv: miedo a no ser observada, a ser olvidada. En definitiva, estaba tiranizada por el capricho. Aún tengo muchas aprensiones, soy consciente que vivo en la cuerda floja. Me resiente el ánimo constatar cierta mezquindad y el declarado cinismo del otro. Pero ahora reconozco que depende de mí apropiarme de las circunstancias y bailar con menos inseguridad en esta danza de fuego. La llama arde y aunque traté de hacerla ceniza, luego de permitirme el riesgo, aumentó su fulgor. Es demasiado atractiva, poderosa y hermosa como para dejarla apagar. Cada encuentro con ella será siempre un bautizo, una actualización intensa de la vida nueva. Te abrazo, me abraso, siendo yo leña viva en este llano en llamas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario