Me hacés falta como un hijueputa, pero sé que ni siquiera soy recuerdo para vos. Y aquí en este viernes de marzo, cualquiera, pero no común me golpeo la frente y me muerdo la lengua por mi estupidez. El mundo se desmorona y es como si respondiera al estado deteriorado de mi mundo interior. Distancia, silencio, ruina. Los ecos ya no responden en la ciudad vacía. La desesperación enmudece y yo me ahogo sin escándalo en este río de piel. Grito tu nombre pero no salen sonidos, sólo flores que jamás fueron sembradas. Su vida depende precisamente de la errancia: que no lleguen jamás a ese pecho que para mi corazón siempre será tierra estéril.
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