Hace 13 años no tenía internet en mi casa. Mucho menos reproductores portátiles. El encuentro con la música era ocasional, pero atento. Constituía motivo de placer escuchar la canción favorita porque dependía del azar de la emisora. Desde 1980 mi papá grababa su música de la radio y en cassette. Hay en casa tres cajas llenas de ellos (tienen tres décadas y un sonido impecable). Todos están ordenados por género y volumen. Además, tienen anotados, a mano, todos los títulos de las canciones que suenan a cada lado. Como la fotografía análoga y su relación con la memoria y el esfuerzo, también resonó en mí la idea analógica de la música de mi papá. A los 15 años empecé a escuchar rock en Veracruz. Sus huellas permanecen en estas acciones que, pasada sólo una década, resultan obsoletas. No parece tan lejano, pero a la vez resulta extraño. Hoy cuando me preguntan "¿Qué hacés?", ya no respondo "grabar un cassette".
lunes, 25 de noviembre de 2019
jueves, 14 de noviembre de 2019
Datos móviles
No tengo fuerzas. La niebla es espesa y bloquea los sentidos. La incertidumbre del silencio atraviesa el tímpano y lo revienta, dejando sólo las ruinas de un llamado acallado. Estoy en el fin del mundo: indolencia, indiferencia, abandono de la curiosidad. No hay guerra, ni paz. Es el fin.
Fantaseo: quisiera ser hombre para acceder a tu caverna mental; quisiera permanecer mujer para recibir tu caricia. Pero imaginando o siendo, en todo caso, deviniendo ser humano, el anhelo ha sido el mismo: participar cotidianamente de tu intimidad, con plenitud, sin mediaciones, sin fragmentaciones y sin-turbación. Sin embargo... Ya no quedan discursos indirectos, adulaciones estratégicas, ni aquellas delicadas ligerezas que prolongaban la fantasía a partir de la necesidad y la mentira (que tú te empeñas en desligar del engaño).
En la mejilla una sonrisa para tu éxtasis adolescente. Que en ese pómulo nacieron bosques y de la espalda brotaron ríos que se secaron en la lujuria consumada. En el oído no quedan susurros. Me pesa la piel y el abecedario está descompuesto. Vuelvo al fin del mundo. Violento silencio en el que me desvanezco. Soy ruina.
domingo, 10 de noviembre de 2019
Llano en llamas
Inevitable. Irresistible. A pesar de los esfuerzos por olvidar, me permito entregarme nuevamente a los impulsos de una ficción reconocida como fantasía, pero con poderosas y placenteras consecuencias en la piel, la voz y el diálogo. La muerte no hace parte de mi vocación. Hasta cierto punto, ahora me parece una victoria de la pereza. Suicidio o asesinato se tornan actos de mal gusto, presión de un tedio narcisista que puede transformarse en intriga creadora. Reflexiono con calma y siento que eso fue lo que detuvo mi salto al abismo. La idea del What if y del presente blanco fueron las formas de reconciliarme con la vida y de asumir un destino de funámbulo y no de difunto. Nuevamente el temor se estaba convirtiendo en leitmotiv: miedo a no ser observada, a ser olvidada. En definitiva, estaba tiranizada por el capricho. Aún tengo muchas aprensiones, soy consciente que vivo en la cuerda floja. Me resiente el ánimo constatar cierta mezquindad y el declarado cinismo del otro. Pero ahora reconozco que depende de mí apropiarme de las circunstancias y bailar con menos inseguridad en esta danza de fuego. La llama arde y aunque traté de hacerla ceniza, luego de permitirme el riesgo, aumentó su fulgor. Es demasiado atractiva, poderosa y hermosa como para dejarla apagar. Cada encuentro con ella será siempre un bautizo, una actualización intensa de la vida nueva. Te abrazo, me abraso, siendo yo leña viva en este llano en llamas.
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