jueves, 14 de noviembre de 2019

Datos móviles


No tengo fuerzas. La niebla es espesa y bloquea los sentidos. La incertidumbre del silencio atraviesa el tímpano y lo revienta, dejando sólo las ruinas de un llamado acallado. Estoy en el fin del mundo: indolencia, indiferencia, abandono de la curiosidad. No hay guerra, ni paz. Es el fin. 

Fantaseo: quisiera ser hombre para acceder a tu caverna mental; quisiera permanecer mujer para recibir tu caricia. Pero imaginando o siendo, en todo caso, deviniendo ser humano, el anhelo ha sido el mismo: participar cotidianamente de tu intimidad, con plenitud, sin mediaciones, sin fragmentaciones y sin-turbación. Sin embargo... Ya no quedan discursos indirectos, adulaciones estratégicas, ni aquellas delicadas ligerezas que prolongaban la fantasía a partir de la necesidad y la mentira (que tú te empeñas en desligar del engaño). 

En la mejilla una sonrisa para tu éxtasis adolescente. Que en ese pómulo nacieron bosques y de la espalda brotaron ríos que se secaron en la lujuria consumada. En el oído no quedan susurros. Me pesa la piel y el abecedario está descompuesto. Vuelvo al fin del mundo. Violento silencio en el que me desvanezco. Soy ruina.

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