jueves, 23 de enero de 2020

Café Osezno


Aquellos que me conocen saben que me encantan los oseznos, ojo, no los osos sino los oseznos, porque en todas las formas de la infancia o de la pequeñez siempre hallo ternura y asombro. Qué relación tiene el café con un osezno? Por ese mismo motivo, por no necesitarse, fue que el dueño nombró el negocio de esa manera. Algo inesperado. Herly tampoco es un nombre común y me parece curioso encontrarme tanta singularidad reunida en un mismo momento. Con Herly hablamos de política, sociedad, protesta social, las formas de la clase media, los medios de comunicación, los viajes y la necesidad de cerrar ciclos. En medio del diálogo, hubo una frase que resonó como revelación: "Hay que perder para ganar. Perder no es perder". Entonces pienso que el destino existe y que a veces se parece a un osezno.

domingo, 19 de enero de 2020

Bloque 15


He visitado el parque donde nos conocimos. De hecho, ahora mismo escribo esto desde la banca en donde nos besamos por primera vez. El sol está brillando en las fachadas de los edificios que me rodean. Hay niños en los columpios y perros que corretean alegres y juguetones. Es una tarde típica de enero. No? Temporada de verano, de brisas gentiles, de comienzos emocionantes. Los niños cruzan el camino montando triciclos y soltando risotadas. Y yo, injusta, recibo todo ello como un aturdimiento, una herida, un ruido lejano y lacerante, porque parece que nunca más me concerniera la alegría. La tierra va girando imperceptible ante nuestros miopes ojos humanos: un destino de movimiento perpetuo. Todo cambia aunque no queramos o aunque queramos, aunque nos resistamos. Gira, gira inevitablemente, tan sutil que olvidamos su violencia. Hace un año te soñaba como una nube que atraviesa el firmamento claro del mediodía. Hace nueve meses te besaba como promesa de redención y hoy te recuerdo como fantasma de una banca solitaria. Nada sigue igual, pese a la terquedad de nuestro ego. Incluso en este momento ya los niños se han ido del columpio y ahora construyen castillos en el arenero. Una lagartija me sorprendió por la ranura del asiento. En realidad eran dos y una atacó a la otra. Estoy en nuestro parque pero sin ti. Pienso. Siento. Tu desaparición parece un ataque premeditado. Qué va! sólo es la vida que en todas las grietas siempre encuentra su camino.

sábado, 18 de enero de 2020

Somos la carne no las palabras



Hoy vi una foto tuya que tomaron ayer. No es el retrato que más te favorezca. Diría que te ves "feo" porque parece que faltara una ceja y tuvieras un lado de la cara más pequeño e inclinado hacia la izquierda. La sonrisa agranda la mandíbula y exagera el mentón. Pero estás sonriendo (aquí y en la última foto con ella) y me pregunto: ¿qué tanto lo hacías conmigo? En fotos casi nunca. Recuerdo que me gustaba cuando te miraba y sonreías. Tus dientes son pequeños y discretos pero describían una diagonal singular que me gustaba tocar mientras hacías una mueca que me hacía sonreír. Luego te mordía la boca aunque ya habíamos hecho el amor. 

En la foto que vi, me fijé especialmente en tu cabello. Desde que nos conocimos estás dejándolo crecer y no te lo has vuelto cortar. Uno de mis rituales al visitarte, más que verte, era observar qué tanto había crecido cada mes. Era un código secreto inventado por mí para sentir que ampliaba las formas de acceder a ti (así fuera en la intimidad de la imaginación). Me encantaba pasar mis manos por tu cabello cuando estábamos en el mirador y separarlo de tu cara húmeda mientras hacíamos el amor. En este punto tú te recogías el cabello con una liga que luego me pasabas, cuando me ponía encima tuyo. Esa era mi estrategia oculta, porque yo buscaba la forma de ser la última en usarla y hacerme la boba para no devolvértela. Creo que tú lo permitías con tácita complicidad. Cada noche que nos vimos me quedé siempre con la liga: negro, azul, verde, rojo y naranja. Bueno, excepto la primera noche, de ese día me queda la primera fotografía que te tomé: tenías el cabello desordenado y no sonreíste.

Lo que más me impactó de la foto que vi hoy fue tu cabello: es para mí el símbolo del tiempo. Del pasado sobrevino la nostalgia del tacto sin olvido; del futuro la triste resignación de no volver a tocarlo y sentir que jugar con él era como jugar con el tiempo pero sometiéndolo a mis condiciones: podia dejar que se escurriera por mis dedos y al mismo tiempo hacerlo regresar a mi antojo. Del presente, el deseo. Tu cabello estalla mi cuerpo más que tu misma desnudez. El presente es ver tu largo cabello en una fotografía ajena y ahogarme con el amor que tengo aquí y que nunca más te haré.    

viernes, 17 de enero de 2020

Geografía



Incomodidad de renunciar a tu recuerdo porque siento como si hubiera sido un sueño. Últimamente no recuerdo lo que he soñado. Así que no es solamente una molestia, un malestar por perder el confort sino que se instala una angustia. No es sólo una persona lo que desaparecería si desatara la fuga de la memoria; es todo un paisaje con sus montañas y sus temblores en la piel. No es tan fácil o sí?

Muchas luces del firmamento son testimonio de galaxias que han muerto hace millones de años. Cómo no va a ser posible desaparecer cerros y abrazos de muchachas nerviosas? Así te arranque, el vacío de la roca hablará con más intensidad de su presencia que si estuviera presente. Por ahora es imposible conquistar el olvido, ser río. Hoy soy montaña o luz de galaxia. Protejo la muerte anhelando que engendre vida: el retorno de tu mirada.