En el suelo ensangrentado de la aldea
Crece una flor violeta
Y aunque los pétalos buscan la luz que les rodea
su destino está tensado en el filo de la saeta
De tu tallo no brotó savia ternura
La infancia fue mitología lejana
Dulzura imposible en la temprana fruta madura
Tus hojas fueron muralla contra la crueldad tirana
Terrestre perla a santas raíces se aferró
Oscura concentración de monstruosa humanidad
Embebida de suave néctar su contradicción acalló
Al precio de administrar una calculada bondad
Inocente animal que bajo tu sombra hizo nido
Cálida caricia que hizo el corazón palpitar
Mientras en la gruta pérfido ladrón herido
Convertía en veneno el deseo que te haría marchitar
Apasionado renacer de una frágil semilla
Donde fina telaraña enredó su voluntad
Y así la esperanza se hizo visceral rencilla
Hasta aniquiliar toda intención de piedad
Sellada en la tierra como último sacrificio
Ambiciosa mano oportunidad de barro te dio
Y aunque desmesurada furia reinició el suplicio
Pronto la claridad remplazó la memoria que ardió
Redimida por las aguas de un presente sin dolor
La falsa confusión se transformó en tierna generosidad
y la nueva raíz descansó en surco de fértil color
Para que en segunda floración resuene himno de hermandad

Hermoso y certero.
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