Quisiera renunciar al impulso y ser fiel a la necesidad. Pero el deseo desborda la copa de la mesura y el vino se sirve fuera de su contenedor, manchando el paisaje y ofreciéndose de forma inminente a quien lo sostiene. ¿Para qué? Sabido es su origen egoísta y, por tanto, violento. Pero, ¿no sería ese espasmo otra forma de manifestar una comunión? Brindo, entonces, por la potencia enternecedora de su intensidad fugaz.

Un poco de ambos, a veces los impulsos son necesidad.
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